jueves, 17 de febrero de 2022

“El celar”


BALCÓN INTERIOR

Por Jaime Abanto Padilla

Eduardo Vargas es un joven que fue el centro de la noticia esta semana. Se trata de un joven huamachuquino que paseaba por la plaza de su ciudad cuando se le acercó un joven que le dijo tener 20 años y le ofreció darle su celular a cambio del suyo más 50 soles, el celular que iba a recibir Eduardo Vargas, el inocente timado, era un Samsung Galaxy A5.
Eduardo Vargas creyó que la suerte le había llegado y de inmediato aceptó y entregó su celular y los 50 soles, a cambio recibió un paquete conteniendo supuestamente el moderno Samsung Galaxy A51. Al cabo de casi 10 minutos, cuando su eventual benefactor ya había desaparecido, abrió el paquete y descubrió que había un trozo de vidrio en una carcasa.
Eduardo Vargas acudió a la policía para denunciar la estafa. Poco pudo hacer la policía con los vagos datos de alguien a quien ni siquiera Eduardo conocía. El inocente joven fue entrevistado por una cadena de redes sociales de Huamachuco y contó su triste historia.
Imposible no tener lástima de la forma tan vil en que lo habían estafado. Imposible no sentir ganas de llorar al escuchar su inocencia casi como la de “El niño de junto al cielo” del cuento de Enrique Congrains Martín. “Se llevaron mi celar” decía una y otra vez, acongojado.

“Me pidió mi celar y 50 soles más [...] Él me enseñó un Samsung Galaxy A51 y me ha dado un pedazo de vidrio que simula el celar. Me ha estafado”, manifestó Eduardo Vargas González, quien estaba preocupado porque usaba el aparato móvil para llevar a cabo sus clases virtuales.
“Este tipo llevaba una polera de cachaco. Su rostro es regordete, pero de abajo no es panzón. Tiene 20 años, hasta me enseñó su Documento Nacional de Identidad (DNI). Ha estado solo. Quiero que lo capturen” decía. El celular lo usaba para sus clases virtuales y se lo veía muy afectado.

Gracias a ese medio local la noticia se hizo viral y desde Lima un anónimo personaje le envió un celular. Desde otros países le depositaron dinero a una cuenta y hasta le yapearon bancariamente. La historia entonces empezó a cambiar de matiz y el rostro inocente de Eduardo volvió a sonreír feliz una vez más.
No faltaron los memes burlándose de la forma inocente de hablar de Eduardo, felizmente fueron los menos. Los más se solidarizaron, lo ayudaron y fue hermoso ver una vez más que en el mundo hay gente buena que edifica, que alegra el alma y que puede convertir una tragedia en una lección que acabe llena de sonrisas y felicidad como le paso a Eduardo con su celular.

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